
Kilómetro 40 del maratón, hace más de 12 horas que he empezado a nadar. más de 15 desde que ha sonado el despertador, más de 6 meses desde que he empezado a entrenar y más de un año desde que el proyecto de acabar un Ironman se metió en mi cabeza.
El área de llegada se empieza a oler y a sentir. Me siento paradójicamente bien y hasta me parece correr con fluidez. Así me había sentido hasta el kilómetro 25 del maratón. Los 3.800 de natación los he hecho con mayor facilidad de la que me esperaba. ¡Cuánto temor me daba esa distancia! Y ha resultado muy agradable nadar, con mucha otra gente, en un lago de agua limpia, rodeado de montañas y de bosques. La bicicleta también me ha ido muy bien. No me podía creer el tiempo al pasar los primeros 90 kilómetros, y he podido mantener el ritmo los otros 90 a pesar del enorme chaparrón con rayos y truenos que he tenido que aguantar desde el km130 hasta el final.
Luego ha llegado “lo mio”. He empezado a correr con facilidad y sin ninguna molestia. Han pasado 11 kms casi sin darme cuenta. Podía haber ido más fuerte, pero me contenía. La alegría se ha ido pasando desde el 11 al 25 donde me he quedado sin fuerza. He parado y he caminado dos kilómetros hasta poder empezar a correr otra vez. He cogido un ritmo lento hasta el 36, donde se ha reproducido la pájara y he tenido que caminar otro kilómetro.
Pero ahora estoy cerca ya del 41 y me siento bien, o al menos eso creo, me da la impresión de estar corriendo muy rápido, tanto como las emociones que se empiezan a aprovechar de que el cerebro funciona a pocas revoluciones y te asaltan con los recuerdos de las personas muy queridas que se acaban de ir, y te pones blando, blando (ya ves tú, el “Iron man”) y se junta todo con el monumental “pajarón” que llevas desde hace 15 kilómetros, y empiezas a acordarte de lo mucho que quieres a los que si están. De hecho quieres a todo el mundo, desde estos que a los lados dan gritos de ánimo en varios idiomas hasta la gente que no conoces y que forman parte de esa humanidad que en un micro punto del universo ha hecho cosas extraordinarias, y piensas en el ironman como una metáfora de todo ello… y ves el arco que da acceso al área de meta y ahí está Begoña con Aitor, que alegría que hayáis venido
Y de pronto entras en el paraíso, un lugar donde todo el mundo te aplaude, hay un griterío enorme y te das cuenta que estás apretando una manita. Ves a tu hijo y está corriendo a tu lado y te mira y está con una sonrisa de oreja a oreja y ahora no te puedes creer lo que ves, porque hay un pasillo de chicas con minifalda, y están dando saltitos con una especie de bengalas y hay un arco de meta con un reloj que ni miras… levantas la cabeza y ves a un tio en una pantalla gigante.
El tio lleva a un niño de la mano y es completamente feliz.
(Joan Boada, Finisher Klagenfurt 2008)